La vida es el avivamiento.

Una iglesia que no habla sobre avivamiento, que no está obsesionada en que el Espíritu Santo baje con todo su poder sobre las personas, que no ora día y noche por que el Dios santísimo conduzca esa iglesia y transforme sus vidas, es una iglesia muerta.

Porque una iglesia que no progresa, una iglesia que no examina día tras día su propio interior, sus propias carencias, que no se reconoce más pecadora que el día anterior, significa que se ha conformado con su estado. Y en ese conformarse esta la perdición. Porque la Biblia habla de un camino:  Entrad por la puerta estrecha; porque ancha 

es la puerta, y espacioso el camino que lleva a la perdición, y muchos son los que entran por ella; porque estrecha es la puerta, y angosto el camino que lleva a la vida, y pocos son los que la hallan.” Lucas 7:13-14

 

Para llegar a la puerta, hay que ir por el camino. Y no es un camino cualquiera: es el camino estrecho el que debemos tomar. Y cada paso nuestro debe de ser una examinación del camino. Cuando vas a dar un paso, piensas donde lo vas a tomar, miras hacia el camino, examinas bien si es la dirección correcta o no, si lleva hacia el destino que te has propuesto. Por eso una iglesia que no se examina, que no guarda cada paso que da, esta perdida. Porque cuando das un paso erróneo, y no retrocedes para corregirlo, estás labrándote tu propia perdición.

 

Cada paso que damos, es decir, cada decisión, cada pensamiento, cada acción, cada día, cada hora y cada minuto, es el mismo camino que nosotros mismos hacemos hacia Dios o hacia el infierno. Y la Biblia nos dice, en Gálatas 5:16-17: “Digo, pues: Anden en el Espíritu, y así jamás satisfarán los malos deseos de la carne. Porque la carne desea lo que es contrario al Espíritu, y el Espíritu lo que es contrario a la carne. Ambos se oponen mutuamente para que no hagan lo que quisieran”

Ni un paso es inocente, ni un paso es inofensivo. Por lo tanto, una iglesia que no busca despertarse, aun cuando desde el exterior podamos pensar que estan en el camino correcto, no vive, porque los hombres jamás llegaremos a la perfección, a la santidad, en esta vida, solo podremos buscarla. Pero en la busqueda está nuestra salvación, como en el avivamiento está la vida. Porque la vida cristiana debe ser un extremismo continuo:  Yo conozco tus obras, que ni eres frío ni caliente. ¡Ojalá fueras frío o caliente! Así, porque eres tibio, y no frío ni caliente, estoy por vomitarte de mi boca. ” Apocalipsis 3:15-16

Estemos pues en llamas por Cristo, porque de lo contrario me temo que estamos muertos. No hay punto intermedio; no existe un cristiano tibio, pues aquél no es cristiano.

¿Qué es el vaux?

Vaux es el plural de val en francés, que significa valle. Pero a la vez es la 1ª y 2ª persona del verbo valoir, que significa “valer”, “costar”, “merecer”. Todos estos significados diferentes reunidos en una misma palabra que descubren flecos de una misma realidad. El valle en el que vivimos. Lo mucho que hemos costado, lo mucho que valemos en los ojos apropiados.

Por último, y quizás más importante, ya que al fin y al cabo esto llevó a que el vaux se llamara el vaux, esta palabra, con esa sonoridad tan característicamente francesa, viene de Peter Waldo, también llamado Pierre de Vaux. Y es que Peter Waldo es un personaje de la historia humana curioso, intrigante, fascinante. Podríamos resumir toda su existencia en que fue un líder de los valdenses, movimiento cristiano de la Edad Media, precursor de la Reforma Protestante. Antes de su conversión era un hombre muy rico de Lyon que vivía de manera despreocupada y egoísta, pero la muerte de un amigo le llevo a pensar en la eternidad, cambiando totalmente su manera de pensar, llevándolo a dar la mitad de su dinero a los pobres y la otra mitad a la traducción de la Biblia, del latín a la lengua romance que era hablada por el pueblo, para que todo el mundo pudiese entender el mensaje salvador del Evangelio.

Estos valdenses abogaban por una vida que se rigiera de verdad por la Biblia y no comprometieron su fe con la doctrina de la Iglesia Católica, por lo que fueron cruelmente perseguidos. Una de las cosas que más destacan son algunos de los principios para la vida en la tierra de esta gente simple, modesta y sincera:

  1. No debemos amar el mundo.
  2. Si es posible, debemos vivir en paz con las personas.
  3. Debemos evitar las malas compañías.
  4. No debemos vengarnos.
  5. Debemos amar a nuestros enemigos.
  6. Debemos dominar nuestros corazones en paciencia.
  7. No debemos unirnos en yugo desigual con los no creyentes.

Vivían su vida en una rectitud moral admirable y no se dejaron intimidar por las amenazas de la Iglesia, que los persiguió, expropió y mató sin piedad. Peter Waldo juró seguir a Jesucristo, y no quiso negarle para hacer caso a los decretos papales, exclamando con pasión: “es mucho mejor obedecer a Dios que a los hombres”.  Algunos de los principios valdenses para la santidad personal de cada persona eran los siguientes:

  1. Que no sirva a los deseos de la carne.
  2. Que controle sus pensamientos.
  3. Que discipline su cuerpo.
  4. Que eche fuera la pereza.
  5. Que haga actos de caridad.
  6. Que viva una vida de fe y moral.
  7. Que luche contra los deseos carnales.
  8. Que hable con otros hermanos sobre la voluntad de Dios.
  9. Que examine con seriedad su consciencia.
  10. Que purifique, perfeccione y tranquilice su mente y alma.

Peter Waldo es un ejemplo para cualquier cristiano; por su valentía, por su humildad, por el desinterés por si mismo, por su generosidad. Porque quiso llevar la luz de la Biblia a la pobre gente que vivía sumida en la más densa oscuridad. Porque cambió su vida cómoda, agradable, de placeres y pocas preocupaciones por una vida pobre, difícil, de sufrimientos y penurias, para poder salvar a la mayor cantidad posible de personas; llevarles el verdadero amor de Jesucristo; iluminar en las tinieblas.

Lux lucet in tenebris